Cómo trabaja una consultora de crecimiento: cuatro entregas, en orden.
La pregunta que más nos hacen no es qué servicios tenemos. Es qué va a recibir y cuándo. Esto es el plan de salida al mercado, entrega por entrega.
Las cuatro entregas
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Punto de partida
Siempre. Es la única que no es opcional.
Dónde está roto el negocio, cuál es el mercado y por dónde se sale a vender.
Un diagnóstico de las cinco palancas del negocio, el tamaño real del mercado con su fuente, y la decisión de por dónde arrancar. Las palancas se leen distinto según el negocio: en software la activación es el uso del producto, y en una empresa de producto o distribución la activación es la cotización, que es donde de verdad se gana o se pierde. Cada cifra viene con de dónde salió.
- 02
La marca, cuando hace falta
Solo si el diagnóstico lo pide.
Arquetipo, esencia, pilares, voz y el sistema visual completo.
Se hace cuando el diagnóstico muestra que el problema es de percepción: cuando llegan las oportunidades pero no cierran, o cuando llega gente que no era. No se hace porque toque. Si el problema es de proceso comercial, esta entrega se salta y se dice.
- 03
La máquina de atracción
Casi siempre. Es donde vive la demanda.
El sitio, el contenido y la medición que conecta hasta la venta.
Las páginas que responden a lo que tu comprador busca, con la medición armada desde el día uno. No medir visitas: medir cuántas personas hicieron la acción que importa, y de dónde vinieron. Si no se puede responder eso, la medición no está hecha.
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El plan comercial
Siempre que el objetivo sea vender, no solo aparecer.
Las etapas, los primeros treinta días y de qué depende arrancar.
El proceso de ventas escrito: qué pasa en cada etapa, quién responde, qué se dice y con qué se decide avanzar o parar. Incluye lo que hoy bloquea el arranque y quién tiene que resolverlo, aunque no seamos nosotros.
Por qué en ese orden
El diagnóstico no es opcional. Es una dependencia.
Se puede comprar solo el sitio, o solo la campaña, o solo la marca. Lo hace mucha gente. Y funciona cuando ya está claro a quién se le habla, con qué argumento y en qué mercado.
Cuando eso no está claro, ejecutar sin diagnóstico no es más barato: es más caro, porque se paga dos veces. Primero la pieza equivocada y después la correcta. Por eso el punto de partida va primero y por eso se cobra: es el que decide qué hay que hacer.
Si ya tienes parte del camino
El orden es de dependencia, no de compra.
Cada entrega necesita la respuesta de la anterior, no necesariamente el trabajo de la anterior. Si tu empresa ya sabe a quién le habla, con qué argumento y en qué mercado, esa respuesta ya existe y se entra donde haga falta.
Pasa seguido con proyectos de desarrollo y de pauta: llega un encargo definido, con la decisión ya tomada por dentro. Ahí se ejecuta y punto. Lo único que hacemos antes es confirmar que la respuesta está, porque si no está, ejecutar sale más caro que averiguarla.
La diferencia con una agencia
Nosotros le decimos al cliente qué necesita. No al revés.
Una agencia recibe un pedido y lo entrega bien: tres piezas, una campaña, una página. El cliente decide qué pedir y la agencia responde por la ejecución.
Una consultora estudia el negocio y dice qué hay que hacer, y responde por que eso funcione. La diferencia se nota en una sola cosa: si el diagnóstico dice que no hace falta una entrega, no se hace y no se cobra.
Y a diferencia de una consultora que solo entrega informes, lo que sale del diagnóstico lo podemos ejecutar nosotros mismos. Nos conviene que funcione. También tomamos encargos de pura ejecución cuando la decisión de negocio ya está tomada: la diferencia es que lo decimos si vemos que no lo está.
Lo que no hacemos
- No prometemos posiciones en buscadores ni fechas de posicionamiento.
- No producimos contenido por volumen. Si la conversación es cuántos artículos al mes, estamos cotizando mal.
- No arrancamos un proyecto de ejecución sin poder verificar lo que el negocio dice de sí mismo.
- No entregamos un plan sin decir quién lo va a recibir del lado del cliente. Si ese rol no existe, se dice antes de firmar.
El punto de partida empieza con una conversación de treinta minutos.
Sin propuesta y sin presentación. Solo para entender dónde está roto y si podemos ayudar. Si no podemos, se dice ahí mismo.
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